viernes, 5 de abril de 2013
miércoles, 3 de abril de 2013
La fábula de Aracne o Las hilanderas
Uno de mis cuadros predilectos de Velázquez. Fue pintado entre 1656 y 1658 y
bautizado como Las Hilanderas a partir de 1794. Se tuvo por pintura de género
hasta 1948, cuando se identificó con un cuadro del pintor sevillano sobre la
fábula de Aracne, del que se tenían noticias pero que se consideraba perdido.
Las Hilanderas no era una escena de género, sino la representación de la
historia de Aracne, una mujer de origen plebeyo que había ganado justa fama por
su extraordinario trabajo en el telar, pero que no quiso admitir su deuda con
Palas, su maestra. Aracne retó a la diosa a una competición. Enterada Palas, se
disfrazó de anciana y como tal le aconsejó que se limitara a buscar el mayor
reconocimiento entre los mortales sin equipararse a los dioses y que pidiera
perdón, en la certeza de que la diosa se lo concedería. Ante la negativa de
Aracne y su soberbia, Palas se despojó del disfraz y aceptó el reto. Ambas
tejieron sus obras: Palas escenificó castigos ejemplares a humanos que habían
desafiado a los dioses, Aracne mortales engañados y seducidos por Júpiter,
entre ellos un tapiz con el Rapto de Europa. Terminado el trabajo, ni Palas ni
la Envidia podría criticar aquella obra. La diosa, dolida, destrozó el trabajo
de Aracne y la hirió. Aracne quiso ahorcarse, pero Palas la salvó y la
convirtió en araña: siempre estaría colgada y siempre estaría tejiendo.
Se ha discutido mucho sobre las intenciones de Velázquez al
pintarlo. La escena muestra un primer
plano en el que cinco mujeres trabajan la lana. Al fondo, en una estancia más elevada,
se sitúan otras tres. Dos
figuras, identificadas con Palas
y Aracne, gesticulan ante ellas.
Al fondo cuelga un tapiz, en el
que se representa el Rapto de
Europa de Tiziano. Las asignaciones de nombres a los distintos personajes y las interpretaciones de sus significados son casi tantas como historiadores han trabajado sobre el lienzo. Unos lo
ven como una historia desarrollada en dos actos. En el primer plano, Aracne
trabaja en su taller con sus obreras mientras que al fondo se representa el
desenlace de la historia. Es reseñable el talante pacífico de Velázquez, pues
el momento más frecuentemente elegido por los artistas para representar la
fábula era el del castigo, mientras que él prefiere mostrarla tejiendo y ante su
obra. De hecho, el castigo solo se insinúa: un hilo parece arrancar del dedo de
Palas. Algunos autores han sostenido que las dos protagonistas de la escena
fueron pintadas dos veces. Palas y Aracne en el taller simbolizan las artes
manuales y la pintura. La luz que baña por completo la escena alta es la que
ilumina en parte el taller; el noble arte de la pintura, cuya posición superior
viene dada por el predominio en ella de la idea sobre la ejecución, ilumina las
artes manuales. Una lectura distinta: la fábula nos habla de la importancia de
la originalidad y de la rivalidad en el arte. La lid entre Aracne y Palas se inicia porque la primera reivindica su originalidad,
su individualidad. Velázquez desarrolla este tema porque forma parte integrante
de la cultura de su siglo y de su propia vida: era necesario ser original para
triunfar en la corte. Por otra parte, Palas,
en parte tiene, razón: las deudas en el arte son inevitables, es imposible
desligarse por completo del pasado y las influencias artísticas. Respecto a la
rivalidad, Velázquez fue siempre blanco de la envidia en la corte y no pareció
reaccionar nunca contra quienes le atacaron movidos por ella. Por último, llama
la atención una práctica repetida en Velázquez: la escena del primer plano
muestra a los personajes ‘inferiores’, los nobles se retrasan al fondo.
martes, 26 de marzo de 2013
Tarantino (I)
Me declaro públicamente fan de Tarantino. Sin haber
visto todavía su última película (recomendada por Xavier en su blog), con
Tarantino me sucede, salvando todas las distancias estéticas y filosóficas,
como con Woody Allen: me gusta incluso cuando no acierta. Pero es que cuando
acierta nadie haría mejor que él lo que él hace, no sé si me explico.
A
Tarantino se le ha acusado en muchas ocasiones de plagiar ideas ajenas. Bueno,
¿han plagiado los grandes compositores de cine a los clásicos? ¿Plagió el John
Horner de Willow a Schumann en su Sinfonía Renana? ¿Y el John Williams de La
Lista de Schindler al Mahler de la 8ª Sinfonía? ¿No se parecen la 6ª de
Bruckner y la música de Maurice Jarre para Lawrence de Arabia? ¿Y la Marcha
Imperial de John Williams en El Imperio contraataca, no es deudora de la marcha
de El amor de las tres naranjas de Prokofiev? ¿Se plagian los compositores
entre sí? ¿Plagió el excelente Roque Baños en Los crímenes de Oxford al gran Danny
Elfmann de la burtoniana Beettlejuice? ¿Plagió Bach a Vivaldi? ¿Y Ravel a Debussy?
Bach, Vivaldi, Mozart… incluso Stravisnky se autoplagiaron empleando en
distintas obras material idéntico o similar. Pero de esto hablaremos otro día.
La cuestión es: cuando
encontramos estos parecidos razonables, ¿debemos hablar de plagio o de influencias?
¿De verdad es posible crear algo absolutamente novedoso?
Volvamos a Tarantino y, en concreto, a su debut como
director: la mítica Reservoir Dogs. Nadie puede negar la influencia de Atraco
perfecto de Kubrik. Se han buscado muchas otras “ideas prestadas” de cineastas
como John Woo, entre los conocidos, o de otros mucho más minoritarios. Da igual. Momentos como la discusión sobre el significado de la
canción de Madonna Like a virgin o las propinas, aquella otra en la que se
reparten los nombres ficticios…y, claro, la escena en la que Michael Madsen (el
Sr Rubio) tortura al policía al ritmo de la canción Stuck in the middle with you, son, originales en el porcentaje que fuere, puro talento.
lunes, 25 de marzo de 2013
Microética
Me gusta
escribir sobre las cosas que me gustan: compartir mi entusiasmo
por lo que voy descubriendo. Y cuando escribo sobre una película, un cuadro o
una tarde de noviembre lo hago convencido de que la experiencia estética es
accesible a todos y puede ser transmitida en el lenguaje más claro, y hace
mejor la vida de las personas. Pero la estética contiene una ética: el eje de una vida decente creo que
está en hacer lo mejor posible aquello que uno tiene que hacer, sea un
artículo, un guiso de judías, un cuadro, una hora de clase, una mesa, una
operación de urgencia. En el ámbito de la propia vida cotidiana cada uno tiene
posibilidades infinitas de hacer que el mundo sea un poco mejor o un poco peor.
A veces se me ha ocurrido llamar a eso microética.
Antonio Muñoz Molina
lunes, 18 de marzo de 2013
Bajo la lluvia. Visual Poética. LVR Ediciones.
La pequeña editorial madrileña LVR Ediciones ha inaugurado
la serie Visual Poética con una obra en la que se dan la mano poesía e imagen.
Se encarga de la primera el poeta barcelonés Jorge
Sánchez y de la segunda el fotógrafo madrileño (también poeta) José Naveiras García. El título
es el mismo que Jorge asignó a su blog: Bajo
la lluvia. El formato es ciertamente atractivo y la edición
más que esmerada.
La nota de prensa de la propia editorial duda entre
considerar Bajo la lluvia un “poemario ilustrado” o un “álbum lírico” y habla
con tino de la feliz compañía del “decir” y la fotografía. Lo cierto es que,
pensemos en uno u otro concepto, estamos ante una creación singular en la que lo
visual complementa y añade matices a una poesía sugerente, personal, limpia, de
entrada fácil y denso, largo y concentrado retrogusto.
(…)
Nerviosa mezcla de
identidad y diferencia:
lo mismo se entrelaza con
lo otro
sin disolverse en una pura
diferencia
de la que no se podría
hablar.
(…)
Cavalleria Rusticana y El Padrino III.
Pietro Mascagni es el autor de Cavalleria Rusticana (1890), claro ejemplo del verismo de finales del XIX, un movimiento que pretendía acercar la ópera al pueblo y reflejar con realismo (en italiano vero significa verdadero) las distintas situaciones sin idealizaciones románticas. Cavalleria Rusticana nos sitúa en Sicilia a finales del XIX, presentándonos un trágico triángulo amoroso con dos mujeres enamoradas de un mismo hombre. El intermezzo, que formaba parte de la ópera, con el tiempo, se independizó, convirtiéndose enseguida en una de las piezas más populares y más interpretadas en concierto. Dentro del argumento de la ópera, el intermezzo coincide con la proclamación de venganza de Alfio (marido) contra Turiddu (amante), con todo el pueblo en la iglesia y la plaza vacía.
El gran Francis Ford Coppola aprovecha esta obra para cerrar su genial trilogía sobre la familia Corleone en El Padrino III de una forma magistral. La trama vaticana se complementa con la representación de Cavalleria Rusticana en Palermo, donde el hijo de Michael (Pacino), Anthony, interpreta el papel protagonista: el del amante Turiddu, con su familia presenciando la representación en el palco.
Mientras suena la ópera (Vincent Mancini, hijo de Sonny Corleone, ha ordenado que dos guardaespaldas estén de guardia durante el espectáculo para evitar el asesinato de su tío), se suceden las muertes y los ajustes de cuentas, tanto dentro como fuera de la Casa de la Ópera de Sicilia (Connie envenena a Don Altobello con una caja con dulces, el Arzobispo Gilday es asesinado en su iglesia -antes, había envenado al nuevo Papa con una taza de té envenenada-, Lucchesi, el director de la junta de Inmobilaire, es apuñalado con sus gafas y el banquero suizo Kienzig asfixiado y colgado en el balcón de su oficina) hasta que el programado asesinato de Michael sufre un inesperado cambio en el guión y es Mary, su hija, la que recibe el tiro del sicario, disfrazado de sacerdote, contratado por Don Altobello, a la salida del teatro, en la escalinata. Entonces escuchamos el intermezzo, que acompaña el desgarrador momento en el que Kay (Diane Keaton) abraza a su hija muerta y Michael intenta exteriorizar su pesar sin conseguirlo hasta que, por fin, un grito de dolor emerge de su garganta, el dolor de un padre que ve cómo todo lo que ha conseguido se queda en nada ante un desenlace que nadie habría imaginado, en una interpretación sublime y conmovedora. Tras esto, varios flashbacks, siempre con el intermezzo de fondo, nos recuerdan momentos anteriores en la vida de Michael: el baile con su hija durante la fiesta, con Kay después del bautizo de su hijo, con Apollonia en Sicilia…hasta que vemos a un anciano Michael Corleone muere, sentado, en el jardín de la casa de Don Tomassino.
viernes, 8 de marzo de 2013
No piense Menguilla ya
NO PIENSE MENGUILLA YA
(Música de José Marín)
No piense Menguilla ya
Que me muero por sus ojos
Que he sido bobo hasta aquí
Y no quiero ser más bobo
Para qué es buena una niña
Tan mal hallada entre pocos
Que no está bien con el fénix,
Porque le han dicho que es solo
Oh, qué lindo modo
Para que la dejen
Unos por otros
El mal gusto de Menguilla
Es una casa de locos
El tema manda al deseo
Vaya la razón al rollo
Mucho abandona lo vano
Si poco estima lo hermoso
La que por ser familiar
No repara en ser demonio
Oh, qué lindo modo….
Yo no he de querer en bulla
Que es una fiesta de toros
Donde a silbos se condena
Quien piensa ser más dichoso
Desigualdad y capricho
No deja el manco ni cojo
Porque a cuenta de lo lindo
No admite lo licencioso
Oh, qué lindo….
“José Marín,
personaje ambiguo y fascinante, compositor, guitarrista y cantante español,
nació en 1618 o 1619. Ordenado en Roma, en 1644 entró en la capilla del
Monasterio de la Encarnación, de Madrid, como tenor. En 1654 y de nuevo en
1655, fue arrestado. Acusado de asalto, robo y asesinato, fue torturado,
secularizado y encarcelado” (Alicia Lázaro).
El tono humano es
una composición profana desarrollada en España en el siglo XVII. El calificativo
de “humano” se asigna por contraposición al “tono a lo divino”. En la primera
mitad del siglo, los tonos humanos son básicamente polifónicos y en la segunda
mitad, tienden a ser monódicos. Los
instrumentos habituales para el acompañamiento de estas piezas eran básicamente
dos: la guitarra y el arpa de dos órdenes.
La interpretación,
espléndida, de “La Galanía” y Raquel Andueza.
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