martes, 14 de mayo de 2013

Theodor W Adorno. Tipos de comportamiento musical



T.W. Adorno, en su “Introducción a la sociología de la música”, sugiere de forma provocadora varios tipos de “comportamiento musical” en función del comportamiento y la actitud ante el discurso musical. Así, Adorno habla del “oyente experto”, el “buen oyente”, el “consumidor cultural”, el “oyente emocional”, el oyente “estético-musical” u “oyente resentido”, el “oyente entretenido”, el “oyente misceláneo” y el “oyente indiferente, no musical y antimusical”.

Diríamos que el oyente experto es plenamente consciente de lo que escucha y lo asimila con naturalidad. Adorno circunscribe esta categoría a los músicos profesionales.

El buen oyente, pese a no ser consciente de las implicaciones técnicas y estructurales, enjuicia con fundamento. Adorno lo considera “ser humano musical” y lo cree propio de círculos cortesanos y aristocráticos. Según el filósofo, es “un bien cada vez más escaso” que apenas se encuentra ya “entre la pequeña burguesía”.

El consumidor cultural es un oyente con formación, oyente burgués ubicado habitualmente entre el público de ópera y concierto. Insaciable consumidor de discos y recitales, respeta la música como un bien cultural, conoce el repertorio y tiene algo de fetichista. Le impresiona la técnica y es conservador, incluso reaccionario. Casi siempre recela de la nueva música. Acostumbra a ser clave en la toma de decisiones relativas a la vida musical oficial.

El oyente emocional, variante del consumidor cultural, está emparentado con el oyente sensual, aunque quizás con un menor nivel de superficialidad que este.

El oyente sensual se resiste a todo intento de escucha estructural. Para él, la música es un medio al servicio de los fines de su propia “economía instintiva”.

El oyente estético-musical es opuesto al emocional. En lugar de evadirse por medio de la música de la “prohibición civilizadora del sentimiento”, se apropia de este último “como norma de comportamiento musical”. Adorno lo bautiza como “oyente resentido” e incluye en este grupo a los amantes de Bach o de la música anterior. La fidelidad a la obra en, para ellos, un fin en sí mismo. Tiene una gran influencia en la pedagogía musical.

El experto (o fanático) en jazz está emparentado con el tipo anterior. Se imagina a sí mismo como vanguardista.

El oyente entretenido es, cuantitativamente, el tipo más importante y se gradúa por la industria cultural. Aunque no escuche la música, el hecho de tener la radio encendida le produce placer.

El oyente misceláneo es el que “no puede trabajar sin que pite la radio”, el que “mata el tiempo y suspende la soledad mediante una escucha que le transmite sensación de compañía”, el “amante de melodías de operetas”, el que “carece de información y se deja entretener por una mercancía”. Pasivo generalmente, se dispersa y desconcentra con facilidad.

Por último, el oyente indiferente, no musical y antimusical lo es por “procesos durante su infancia” y no por falta de disposición natural.

El propio Adorno deja claro que no pretende (aunque lo haga) descalificar y que respeta la libertad del individuo a la hora de escoger una actitud (pues de eso, y no de otra cosa, se trata) ante la escucha musical. Provocaciones aparte, Adorno, uno de los grandes filósofos y sociólogos del siglo XX, de gran vocación musical (compuso varias obras que llegaron a grabarse), describía en este texto (escrito ya hace medio siglo) distintos tipos de escucha que pueden tener su correlación en los diferentes perfiles de oyentes que, aún hoy y con las salvedades que sean necesarias, podemos encontrar.

lunes, 13 de mayo de 2013

Otra triste despedida, como lágrimas en la lluvia



Mala racha llevamos. Ha fallecido Constantino Romero. No es difícil poner pegas al nivel interpretativo en el cine español, pese a que ha habido y sigue habiendo grandes actores (entre los que se fueron, Pepe Sancho, entre los que están, Eduard Fernández), sobre todo en lo que respecta a las últimas y decepcionantes hornadas (sé que generalizo, pero pocos son capaces de aportar una interpretación que perdure). No sucede lo mismo con el nivel general del doblaje, que es magnífico. Admitiendo que el doblaje inevitablemente resta una parte importante del trabajo de un actor, hay que reconocer que, en determinados casos, la excelencia de quien dobla llegar incluso a superar la versión original, pese a que la manipula de alguna manera. Entre los grandes dobladores estaba sin duda alguien que acaba de despedirse de forma definitiva (lo había hecho a nivel profesional hacía ya algún tiempo): Constantino Romero. Sirva esta entrada como homenaje a un artista que antecedió en el teatro a Johnny Depp (protagonista de la versión cinematográfico-burtoniana) en el papel Sweeney Todd, junto a otra figura del doblaje, Vicky Peña, y que puso su voz a Clint Eastwood en maravillas como “Los puentes de Madison”. Pero si hay un momento estelar, en mi opinión, en la carrera de Constantino, es este:



Descansa en paz.

jueves, 9 de mayo de 2013

Adiós al bandido Fendetestas




Se va uno de los grandes. Alfredo Landa debutó en la inolvidable “Atraco a las tres” con el personaje del Sr Capillo, el buenazo y torpe del grupo y, superado el landismo, se convirtió en uno de nuestros mejores actores. Si tengo que quedarme con un papel, uno solo, elijo sin dudarlo el del bandido Fendetestas de “El bosque animado”. 

¡Mecaso en Soria! Hasta siempre, Fendetestas. Descansa en paz.

lunes, 6 de mayo de 2013

La derniere valse




El venezolano Reinaldo Hahn (1874-1947) era, hasta ahora, un compositor desconocido para mí. No puedo dejar de compartir esta encantadora pieza titulada La derniere valse, perteneciente a la revista Une Révue (1926), en interpretación de Felicity Lott acompañada por Graham Johson al piano.


viernes, 26 de abril de 2013

lunes, 15 de abril de 2013

Jorge Oteiza. Sé que volaré



Friso de los apóstoles. Nuestra Señora de Aránzazu. Guipúzcoa.

Hace unos meses dedicábamos un momento al escultor Pablo Gargallo. Hoy hablamos de otro gran escultor (también poeta), en el décimo aniversario de su muerte: Jorge Oteiza.

Conocí la obra de Oteiza durante el curso de Doctorado  "Idealismo y espiritualidad en la escultura de Jorge Oteiza" que impartió el profesor y artista plástico pamplonés Pedro Manterola. Descubrí a un artista singular, profundo, personal e irrepetible. Según Manterola, la construcción del vacío es para Oteiza un lugar de protección, de curación de la angustia y de la muerte, sagrado, por tanto, en torno al cual acabará conformándose su pensamiento y su obra.

Del impulso que lleva al artista a recusar la naturaleza nacen su condición de fugitivo y su deseo de Dios, dice Manterola. Oteiza manifiesta contra sí mismo, contra su parte mortal, la extraordinaria aversión por lo que su naturaleza tiene de efímero y el tiempo somete día a día: “No pertenezco a la tribu de la Naturaleza, exclama. Soy un ser exiliado a la Naturaleza, arrojado a la Naturaleza”, escribe. Estos y otros muchos versos son el testimonio de una queja y un resentimiento que encarna espectacularmente en los apóstoles sin tripas, desentrañados, vacíos por dentro, de Aránzazu. Esta es la primera gran referencia al impulso autodestructor antes comentado. Como en un paisaje asolado por la lucha, el viejo conflicto entre materia y espíritu que el escultor experimenta con especial virulencia, se salda en la fachada de Aránzazu con el sacrificio de los cuerpos abiertos en canal, cóncavos, ofreciéndose a sí mismos en holocausto, en su propio hueco, en un vacío expectante. Unos apóstoles abiertos de arriba a abajo y desentrañados que ilustran la imagen platónica del espíritu liberado de su féretro mortal. Pero advierten, al mismo tiempo, de otro espacio no vinculado a la materia sino oculto tras ella, que no se halla dentro del cuerpo sino detrás de él. Desde un punto de vista estético, el Apostolario de Aránzazu es el resultado de una primera conclusión en la génesis del vacío como material de la escultura, es decir, del proceso de sustitución de la materia que se palpa, se pesa, se mide o se modela, de lo que llamamos sustancial por oposición a lo que es inconsistente, por la metáfisica condición de un espacio vacío. Esta conclusión en los apóstoles nos habla de la acción de quitar, es decir, del hueco que resulta al destruir la parte material de la escultura. Se diría, recordando a Miguel Ángel, que el vacío es el resultado de eliminar de un bloque, pongamos que de marmol, la materia que le sobra a la escultura, que para Oteiza es toda la materia. 

SÉ QUE VOLARÉ

No me alcanzaréis los muertos
en el propenso río,
siempre dispuesto a acostarme
y, si acostado, siempre dispuesto
a no levantarme.
Y no me levantaré más,
movediza,
discontinua perdiz.
Muero, subo al cielo,
gota a gota
en el camino
me encuentro a mí mismo,
gota a gota que regreso

Resbala la tarde en el mojado día,
vuelto de espalda en la lluviosa noche,
sin un poco de rincón de sitio-suelo,
movedizo lento caracol,
la vecina noche,
Sé que volaré,
corro en la noche,
Salto por encima para no hacerle daño
con mi camisón de loco.
Duermo en camisón para volar de noche

JORGE OTEIZA
Poema incluido en el volumen Poesía (Fundación Museo Jorge Oteiza; Alzuza, 2007).